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LA SOLEDAD Y EL SANTO ENTIERRO

Las imágenes de la Soledad y el Santo Entierro se veneran en la Ermita de la Veracruz

La Cofradía del Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad es una de las hermandades con mayor tradición en la Semana Santa de Navalcarnero. Actualmente constituye una única cofradía, aunque mantiene una particularidad propia de su historia y de su identidad: el Santo Entierro es venerado y acompañado tradicionalmente por los hombres, mientras que el culto y acompañamiento de Nuestra Señora de la Soledad corresponde especialmente a las mujeres de la cofradía.

HISTORIA

La historia de esta cofradía está vinculada a la antigua Cofradía de la Vera Cruz, una de las primeras asociaciones penitenciales de Navalcarnero. La Vera Cruz ya existía a finales del siglo XVI y tenía su sede en la ermita que hoy conocemos como ermita de la Veracruz.

En 1614 aquella cofradía organizaba procesiones del Jueves Santo en las que participaban varias imágenes de la Pasión: Cristo atado a la columna, Jesús con la cruz a cuestas, Cristo Crucificado y la Virgen de la Soledad.

En 1652 se produjo un acontecimiento decisivo para la historia de la Semana Santa navalcarnerense. La Cofradía de la Vera Cruz incorporó a su culto un Cristo yacente y comenzó a celebrar la procesión del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo. A partir de entonces la corporación pasó a denominarse Cofradía de la Santa Vera Cruz y Entierro de Cristo. Sus nuevas ordenanzas fueron aprobadas por el Arzobispado de Toledo en 1658.

El Cristo yacente que se conserva actualmente constituye una de las grandes joyas artísticas de Navalcarnero. Se trata de una talla del siglo XVII atribuida al escultor Juan Sánchez Barba, realizada hacia 1652. La imagen ha sobrevivido a la destrucción de la Guerra Civil y es la única de las antiguas esculturas procesionales de la ermita de la Veracruz que ha llegado hasta nuestros días.

La devoción a la Virgen de la Soledad adquirió una especial fuerza entre los vecinos de Navalcarnero durante el siglo XVII y comienzos del XVIII. La ermita de la Veracruz fue remodelada en las primeras décadas del Setecientos y se construyó un nuevo retablo barroco cuyo lugar principal estaba destinado a la Virgen de la Soledad. A sus pies se colocó la urna con el Cristo yacente, formando un conjunto que expresaba plásticamente el misterio del Viernes Santo: Cristo muerto y María acompañando a su Hijo en su soledad.

Hacia 1728 aparece documentada la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, creada específicamente para atender el culto y mantenimiento de la imagen de la Virgen. Esto demuestra que, históricamente, las devociones del Santo Entierro y de la Soledad tuvieron también momentos de organización diferenciada, aunque estuvieron estrechamente vinculadas dentro de la celebración de la Semana Santa.

Las reformas religiosas y sociales de los siglos XVIII y XIX, la desamortización y, finalmente, la Guerra Civil afectaron gravemente a las antiguas cofradías de Navalcarnero. La vida asociativa quedó prácticamente extinguida y muchas de las imágenes procesionales fueron destruidas.

Una excepción fundamental fue precisamente el Cristo Yacente, que sobrevivió y continúa siendo venerado en la ermita de la Veracruz. La Virgen de la Soledad que hoy se venera, sin embargo, no es la imagen original de la antigua cofradía; sí se conserva el retablo histórico que estuvo dedicado a ella.

La recuperación contemporánea de la vida cofrade permitió que esta antigua devoción volviera a expresarse públicamente en las procesiones de Semana Santa.

MISIÓN

El principal acto público de la cofradía tiene lugar en la tarde del Viernes Santo, cuando el Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad recorren las calles de Navalcarnero formando parte de la gran procesión de la Pasión y Muerte del Señor. Actualmente, la procesión incorpora también el paso del Cristo Crucificado, perteneciente a su propia cofradía.

La misión de la Cofradía es mantener y transmitir la devoción a Cristo en el misterio de su Santo Entierro y a María en su Soledad, ayudando a sus miembros a vivir la Semana Santa no solamente como una tradición cultural, sino como una verdadera experiencia de fe.

La celebración del Septenario de la Soledad durante la semana de Pasión y especialmente la procesión del Viernes Santo constituyen medios para hacer visible públicamente la fe de la Iglesia, fomentar la oración y la conversión y fortalecer los vínculos de fraternidad entre los cofrades. Su presencia en las calles cada Viernes Santo mantiene viva una tradición de varios siglos y recuerda a todo Navalcarnero que la fe cristiana pasa también por acompañar a Cristo en el momento de la Cruz, de la muerte y del sepulcro, permaneciendo con María en el silencio de la espera y mirando ya hacia la esperanza de la Resurrección.

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