
COVADONGA
La Iglesia de Nuestra Señora de Covadonga nació unida a uno de los proyectos industriales y sociales más singulares de la historia reciente de Navalcarnero. Situada en el centro del barrio que lleva su nombre, la iglesia fue concebida como parte de un nuevo núcleo de viviendas construido para los trabajadores de la antigua Fábrica de Jabón, promovida por el industrial asturiano Alfonso Álvarez.

Un barrio nacido junto a una fábrica
A comienzos de 1937, el ingeniero industrial asturiano Alfonso Álvarez trasladó desde Guipúzcoa a Navalcarnero su fábrica de jabón. La empresa llegó a convertirse en una importante fuente de trabajo para la localidad y, en unos años especialmente difíciles, contribuyó a paliar la falta de empleo y de viviendas que había provocado la Guerra Civil. La fábrica llegó a contar con comedor, escuela, biblioteca y un pequeño centro sanitario, configurando un modelo empresarial en el que la atención a los trabajadores y a sus familias tenía un papel destacado.
Dentro de este proyecto social nació el barrio de Nuestra Señora de Covadonga. El 21 de octubre de 1941, Alfonso Álvarez inició las gestiones con la Obra Sindical del Hogar para construir viviendas destinadas a los obreros de su fábrica. El proyecto fue confiado al arquitecto Luis Martínez Feduchi, que diseñó un conjunto de viviendas blancas y ordenadas en el paraje conocido como Vereda de la Crispina, a pocos metros de la fábrica.
La primera fase del barrio sufrió los retrasos propios de la escasez de materiales de la posguerra. Las primeras viviendas fueron recibidas provisionalmente en 1949, y el barrio continuó creciendo posteriormente, con una segunda fase iniciada en 1964.
La iglesia de la patrona de Asturias
En el centro del nuevo barrio se quiso levantar también un templo dedicado a Nuestra Señora de Covadonga, una advocación especialmente vinculada a la tierra de origen de Alfonso Álvarez.
En 1944 se aprobó el presupuesto para construir la iglesia, siguiendo también el proyecto de Luis Martínez Feduchi, que había diseñado las viviendas y la propia fábrica. Se trata de un templo sencillo, de una sola nave, con sacristía y torre, perfectamente integrado en la arquitectura del barrio mediante sus característicos pórticos arqueados, que recuerdan las formas de las viviendas que lo rodean.
Existe además una tradición especialmente significativa vinculada a su construcción: la primera piedra de la iglesia habría sido traída desde el Santuario de Covadonga, en Asturias, como expresión del vínculo entre el nuevo barrio de Navalcarnero y la patrona del Principado.
La iglesia fue concebida, por tanto, como algo más que un edificio religioso: debía ser el centro espiritual del nuevo barrio, del mismo modo que la plaza y las viviendas constituían su centro social.
Un templo que atravesó el abandono
Aunque el edificio estaba terminado desde los primeros años de la década de 1960, durante un tiempo no pudo dedicarse plenamente al culto. En 1961, ante el creciente número de niños del barrio y la falta de locales escolares, se llegó a solicitar autorización para utilizar la iglesia como espacio educativo.
Finalmente, en 1970, la iglesia volvió a recibir culto. Desde entonces se convirtió progresivamente en uno de los lugares más queridos por los vecinos del barrio de Covadonga.
La recuperación del templo coincidió con una nueva etapa de la vida del barrio, que dejó de estar directamente ligado a la actividad de la antigua fábrica y fue integrándose plenamente en la vida de Navalcarnero.
La plaza y la Virgen de Covadonga
La iglesia ocupa el centro de la plaza de Covadonga, auténtico corazón del barrio. Frente al templo se encuentra una escultura en bronce de Nuestra Señora de Covadonga, obra del escultor Faustino Sanz Herranz, que refuerza todavía más la identidad mariana del conjunto.
En una de las fachadas exteriores de la iglesia puede contemplarse también un mural de la Virgen de Covadonga, realizado por el artista Alberto Pirrongelli, autor de diversas obras pictóricas presentes en otros templos de Navalcarnero.
Todo el conjunto —iglesia, plaza, viviendas y monumento a la Virgen— conserva así la imagen de aquel proyecto urbanístico de mediados del siglo XX, en el que se quiso crear un barrio dotado de vivienda, servicios, escuela y lugar de culto para las familias de los trabajadores.
Una iglesia de barrio
La historia de Covadonga tiene un significado especial porque refleja una época concreta de la historia de Navalcarnero: la de la reconstrucción de la localidad después de la Guerra Civil y la llegada de nuevas formas de industria y de organización social.
La fábrica proporcionó trabajo; el barrio, vivienda; las escuelas, educación; y la iglesia, un lugar de encuentro con Dios y de vida comunitaria.
Así, la advocación de Covadonga no quedó reducida al nombre del templo. Dio nombre a todo un barrio y se convirtió en un elemento fundamental de su identidad. La presencia de la Virgen en la plaza y en la iglesia recuerda además el origen asturiano de Alfonso Álvarez y el vínculo afectivo que quiso establecer entre su tierra natal y el nuevo barrio que estaba levantando en Navalcarnero.
Covadonga en la actualidad
Actualmente, la Iglesia de Nuestra Señora de Covadonga continúa abierta al culto y forma parte de la vida de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. En ella se celebra actualmente la Eucaristía los domingos y días festivos a las 10 de la mañana.
Después de más de medio siglo de vida, la iglesia sigue siendo el centro espiritual del barrio que nació a su alrededor. Su arquitectura sencilla, integrada en el conjunto de viviendas blancas, conserva la memoria de una iniciativa social e industrial muy particular, mientras que su altar y su advocación mantienen viva la devoción a la Virgen de Covadonga.
La iglesia es, en definitiva, la memoria espiritual de un barrio: un templo nacido en la posguerra junto a una fábrica y unas viviendas obreras, levantado por un empresario asturiano en honor de la patrona de su tierra y convertido con el paso del tiempo en un lugar querido por varias generaciones de vecinos de Navalcarnero.
Hoy, la Virgen de Covadonga continúa presidiendo este barrio y acogiendo a quienes entran en su iglesia, manteniendo vivo aquel deseo con el que nació el templo: que en el corazón de un barrio construido para las familias hubiera también un lugar para Dios.