
EL HUMILLADERO DE SAN IGNACIO
El Humilladero de San Ignacio de Loyola es uno de los lugares de culto más recientes de Navalcarnero, pero su significado está profundamente unido a uno de los capítulos más importantes de la historia religiosa de la villa: la presencia de la Compañía de Jesús durante más de dos siglos.

Fue inaugurado el 25 de octubre de 2008, en la calle Bernardino Beotas, muy cerca del lugar donde se encontraba el antiguo Colegio de los Jesuitas de Navalcarnero. Precisamente esta calle recibió antiguamente el nombre de calle del Colegio, en recuerdo de la presencia de la Compañía de Jesús en este lugar.
El humilladero fue levantado aprovechando el espacio que había quedado libre tras retirar un antiguo centro de transformación eléctrica. El proyecto fue dirigido por el arquitecto Raimundo Estepa y combina ladrillo visto y granito, con una pequeña cúpula de plomo y una verja de hierro forjado.
En su interior se encuentra una escultura de bronce de San Ignacio de Loyola, obra del escultor Melchor Gutiérrez San Martín, rodeada por pinturas de Alberto Pirrongelli que representan distintos episodios de la vida del fundador de la Compañía de Jesús.
Memoria de los jesuitas
El humilladero adquiere su verdadero sentido cuando se contempla a la luz de la historia de Navalcarnero. En 1563, el papa Pío IV concedió la bula que permitió la incorporación del curato de Navalcarnero al Colegio de Alcalá de los jesuitas, y en 1566 la Compañía tomó posesión del lugar donde posteriormente se levantaría su colegio. Los jesuitas permanecieron en la villa hasta su expulsión en 1767, durante más de dos siglos.
Su presencia tuvo una enorme importancia religiosa y educativa. Los jesuitas estaban encargados de la enseñanza de la doctrina cristiana y de la gramática, y participaron intensamente en la vida religiosa de la población.
Por eso, el pequeño humilladero constituye hoy un memorial de aquella presencia jesuítica. No pretende reconstruir el antiguo colegio, desaparecido hace mucho tiempo, sino mantener viva su memoria precisamente en el lugar en el que los jesuitas desarrollaron buena parte de su actividad.
La elección de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, convierte el monumento en un vínculo visible entre el Navalcarnero actual y aquella etapa fundamental de su historia.
Un pequeño lugar de oración
Aunque es una construcción del siglo XXI, el humilladero recupera una forma tradicional de religiosidad popular: un pequeño espacio abierto a la calle, destinado a detenerse, mirar hacia Cristo o hacia un santo y elevar una oración.
