
ERMITA DE SAN JUAN BAUTISTA Y CEMENTERIO PARROQUIAL
La ermita de San Juan Bautista, hoy capilla del Cementerio Parroquial de Navalcarnero, es uno de los lugares religiosos más antiguos de la villa. Su historia se remonta a finales del siglo XVI y está estrechamente unida a la vida del antiguo Navalcarnero, a sus tradiciones agrícolas y, desde el siglo XIX, a la memoria y oración por los difuntos.

Una de las antiguas ermitas de Navalcarnero
San Juan Bautista fue una de las cuatro ermitas que, situadas en los cuatro puntos cardinales, marcaban los límites del núcleo urbano de Navalcarnero. Al norte se encontraba San Juan Bautista; al sur, San Roque; al este, San Cosme y San Damián; y al oeste, San Sebastián.
Su origen está documentado en 1589, cuando el vecino Juan Bermejo solicitó al Concejo autorización para construir una ermita dedicada a San Juan Bautista. El Ayuntamiento acudió al Arzobispado de Toledo para obtener la licencia y, ese mismo año, el Concejo se comprometió a ejercer como patrono de la futura ermita para garantizar su mantenimiento. Las obras debieron comenzar poco después y el templo estaba probablemente terminado hacia 1590.
La ermita se levantó junto al camino que conducía hacia Brunete y Segovia, en el límite norte de la población. Su ubicación tenía también una función práctica y religiosa: durante las épocas de trabajo agrícola, las ermitas situadas en los alrededores del pueblo permitían a los campesinos asistir a los oficios religiosos sin tener que regresar hasta el centro de la localidad.
La bendición de los campos
Desde sus primeros tiempos, San Juan Bautista quedó vinculada a la vida agrícola de Navalcarnero. Cada año, el primer domingo de mayo, los vecinos acudían a la ermita para participar en la bendición de los campos, pidiendo la protección de Dios sobre las cosechas.
La tradición alcanzaba también a los animales: los rebaños de ovejas recibían igualmente la bendición en la pradera próxima a la ermita.
De este modo, San Juan Bautista se convirtió durante siglos en un lugar de encuentro entre la fe y la vida cotidiana de los agricultores de Navalcarnero, en una época en la que el trabajo del campo y el ritmo de las estaciones estaban profundamente unidos a la vida de las familias.
La reconstrucción del siglo XVIII
A mediados del siglo XVIII, la antigua ermita se encontraba en mal estado. Se planteó entonces la posibilidad de construir un nuevo templo, lo que dio lugar a un largo debate sobre si debía levantarse en el mismo lugar o trasladarse a una zona más céntrica.
Finalmente se decidió conservar su emplazamiento histórico y reconstruirla sobre los cimientos de la antigua ermita. Las obras se desarrollaron durante la década de 1730 y el nuevo templo quedó terminado y fue solemnemente bendecido el 4 de diciembre de 1747.
La actual construcción conserva, por tanto, la memoria del lugar elegido para la primera ermita de finales del siglo XVI, aunque buena parte del edificio que hoy contemplamos corresponde a aquella reconstrucción del siglo XVIII.
De ermita a capilla del cementerio
La historia de San Juan Bautista experimentó un cambio decisivo en el siglo XIX.
En 1829 comenzaron las obras para transformar los terrenos situados junto a la ermita en el nuevo Cementerio Parroquial de Navalcarnero. Desde entonces, la antigua ermita pasó a desempeñar una nueva función como capilla del recinto funerario.
Este cambio modificó profundamente el carácter del edificio. La ermita dejó de ser principalmente un templo situado en las afueras de la población para convertirse en el corazón religioso de un espacio destinado a acoger los restos de los difuntos de la comunidad.
La nueva función obligó además a realizar diversas adaptaciones a lo largo del siglo XIX, de acuerdo con las sucesivas normas que regulaban los cementerios por razones de salud pública. Con el paso del tiempo, algunas divisiones y reformas fueron ocultando parcialmente la estructura original de la ermita.
El Cementerio Parroquial
El cementerio se fue desarrollando alrededor de la antigua ermita. Su estructura conserva la organización tradicional de los camposantos históricos, con un eje central que conduce hasta la capilla y distintas zonas de enterramiento.
El recinto fue ampliándose con el paso de los años. La parte más antigua del cementerio corresponde al siglo XIX y posteriormente se incorporaron nuevos terrenos para responder al crecimiento de la población.
Entre sus sepulturas se conservan panteones y monumentos funerarios de interés artístico, especialmente algunos pertenecientes a familias de Navalcarnero de los siglos XIX y XX. El conjunto constituye también un testimonio de la historia social de la villa: las lápidas, panteones y sepulturas recuerdan a generaciones de vecinos que formaron parte de la vida de la localidad.
La capilla ocupa una posición central dentro del recinto y establece un eje simbólico entre la entrada del cementerio y el espacio sagrado destinado a la oración.
La recuperación de la ermita
Durante el siglo XX, la función funeraria del conjunto fue ganando protagonismo y la antigua ermita perdió parte de su configuración interior. A comienzos del siglo XXI se emprendió una importante restauración.
Entre 2005 y 2006 se llevó a cabo una rehabilitación que permitió recuperar la personalidad original del edificio. Se eliminaron las particiones interiores añadidas durante el siglo XIX, dejando nuevamente visible la única nave de la ermita, y se recuperó su advocación tradicional de San Juan Bautista.
La restauración permitió también recuperar y poner en valor el patrimonio artístico de la capilla.
La capilla mayor está presidida por un retablo de la segunda mitad del siglo XVII. En su hornacina central se encuentra un óleo de San Juan Bautista, de buena factura y datado en los primeros años del siglo XVII. En el ático aparece un Cristo en la Cruz, copia realizada por el pintor Alberto Pirrongelli.
En el crucero pueden contemplarse también un Bautismo de Cristo, de escuela madrileña del siglo XVII, y un San Juanito, obra granadina de finales de ese mismo siglo. Las pinturas de la nave son copias de obras maestras de la pintura española realizadas por Pirrongelli.
Un lugar de oración por los difuntos
La unión entre la ermita y el cementerio da al conjunto un significado particularmente profundo. San Juan Bautista no es solamente un edificio histórico: es también un lugar de oración por quienes nos han precedido en la fe.
Durante siglos, generaciones de familias de Navalcarnero han acudido a este lugar para despedir a sus seres queridos, visitar sus sepulturas y rezar por ellos. La capilla recuerda así una verdad profundamente arraigada en la tradición cristiana: la muerte no tiene la última palabra y la oración de la Iglesia acompaña a sus hijos incluso después de la muerte.
En este sentido, el Cementerio Parroquial no debe entenderse únicamente como un lugar de enterramiento, sino como un espacio de memoria, oración y esperanza cristiana.
San Juan Bautista hoy
Actualmente, la antigua ermita continúa siendo la capilla del Cementerio Parroquial de Navalcarnero. Su restauración ha permitido recuperar la dignidad del edificio y poner nuevamente de manifiesto su valor histórico, artístico y religioso.
Más de cuatro siglos después de su fundación, San Juan Bautista sigue cumpliendo una función profundamente vinculada a la misión de la Iglesia: acompañar a las personas en los momentos fundamentales de la vida y mantener viva la esperanza cristiana ante el misterio de la muerte.
Desde aquella primera ermita levantada en torno a 1590 hasta la capilla que hoy preside el cementerio, este lugar ha acompañado a Navalcarnero en momentos muy diferentes de su historia. Primero fue lugar de oración para los agricultores y de bendición de los campos; después, capilla del cementerio; y hoy continúa siendo un espacio de oración y memoria.
San Juan Bautista y el Cementerio Parroquial forman así un lugar en el que la historia de Navalcarnero, la fe de sus generaciones y la esperanza cristiana en la vida eterna se encuentran.
