
La Veracruz
La ermita de la Veracruz es uno de los edificios religiosos más antiguos de Navalcarnero y uno de los lugares fundamentales para comprender la historia de la Semana Santa de la localidad. Desde el siglo XVII estuvo vinculada a la Cofradía de la Vera Cruz y, posteriormente, al culto del Santo Entierro y de Nuestra Señora de la Soledad.

Los orígenes: la Cofradía de la Vera Cruz
La historia de la ermita está estrechamente ligada a la antigua Cofradía de la Vera Cruz, que debió de nacer a finales del siglo XVI, en el contexto de la expansión de las cofradías penitenciales promovida tras el Concilio de Trento.
La Cofradía tenía como misión fomentar el culto a la Pasión de Cristo y organizar las celebraciones penitenciales de la Semana Santa. En sus primeros años celebraba especialmente la procesión del Jueves Santo, en la que recorrían las calles de Navalcarnero diferentes imágenes de la Pasión.
La ermita comenzó a construirse en 1611, sobre un solar cedido por el Concejo de Navalcarnero, y quedó terminada en sus elementos fundamentales hacia 1624, gracias en buena medida a las limosnas aportadas por los propios cofrades. En 1613 tuvo lugar su bendición solemne.
En sus primeros tiempos era un templo sencillo, de una sola nave, construido en ladrillo y cubierto por una armadura de madera. En él se veneraban las imágenes que protagonizaban las procesiones de la Cofradía: Cristo atado a la columna, Jesús con la cruz a cuestas, Cristo Crucificado y una Dolorosa. Durante el resto del año estas imágenes permanecían en sus respectivos altares de la ermita.
El nacimiento del Santo Entierro
La historia de la ermita experimentó un cambio decisivo en 1652. Ese año la Cofradía adquirió un Cristo yacente, obra atribuida al escultor madrileño Juan Sánchez Barba, y organizó por primera vez en Navalcarnero la procesión del Santo Entierro en la tarde del Viernes Santo.
La nueva celebración exigió una reorganización de la antigua Cofradía de la Vera Cruz. Sus nuevas ordenanzas fueron aprobadas posteriormente por el Arzobispado de Toledo y la corporación pasó a denominarse Cofradía de la Santa Vera Cruz y Entierro de Cristo.
La procesión del Viernes Santo salía de esta ermita y constituía una ceremonia de gran solemnidad. Los libros de la Cofradía describen un cortejo con banderas, estandartes, insignias, hermanos, música y los pasos del Cristo muerto y de la Soledad.
De este modo, la Veracruz se convirtió en el corazón de la Semana Santa histórica de Navalcarnero.
La devoción a Nuestra Señora de la Soledad
Durante el siglo XVIII adquirió una especial importancia la devoción a Nuestra Señora de la Soledad. En las primeras décadas del Setecientos la ermita fue objeto de una importante remodelación interior.
La antigua cubierta fue sustituida por una estructura barroca que permitió crear una decoración más rica y un nuevo retablo mayor, con columnas salomónicas. En el centro se colocó la imagen de la Virgen de la Soledad y, a sus pies, integrada en el propio retablo, la urna con el Cristo yacente.
El conjunto expresaba de una manera especialmente bella el misterio del Viernes Santo: Cristo muerto y sepultado y María junto a su Hijo en la soledad del dolor y de la espera.
Hacia 1728 aparece documentada la creación de una Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, encargada específicamente del culto y mantenimiento de la imagen. Esto demuestra que, aunque las devociones del Santo Entierro y de la Soledad estuvieron profundamente vinculadas, también existieron momentos en los que tuvieron una organización cofrade diferenciada.
Un templo marcado por la historia
La ermita sufrió a lo largo de los siglos diversas transformaciones y periodos de deterioro. La desamortización y las circunstancias del siglo XIX afectaron a la vida de las antiguas cofradías. En 1888 se celebró una solemne reapertura al culto después de unas obras de rehabilitación.
El golpe más grave llegó con la Guerra Civil, cuando buena parte del patrimonio religioso de Navalcarnero fue destruido. De las antiguas imágenes procesionales que se veneraban en la Veracruz, únicamente sobrevivió el Cristo Yacente, que constituye hoy uno de los testimonios más importantes de la antigua Semana Santa de la localidad.
La antigua imagen de la Soledad desapareció, aunque se conservó el histórico retablo que había presidido su culto.
La restauración de la ermita
Con el paso del tiempo, el edificio llegó a encontrarse muy deteriorado. A comienzos del siglo XXI se emprendió una importante campaña de restauración financiada por el Ayuntamiento de Navalcarnero y la Comunidad de Madrid.
Los trabajos permitieron recuperar buena parte de la riqueza artística del interior. Se restauró especialmente el ciclo pictórico de la Pasión de Cristo que decoraba la cabecera y que servía de complemento al retablo de la Soledad.
Las pinturas representan escenas como la Piedad y el Calvario, junto con ángeles que portan los símbolos de la Pasión y de María. También se recuperaron importantes elementos decorativos, como las yeserías con motivos vegetales, racimos de uvas y granadas.
La restauración fue inaugurada en abril de 2008 y recibió una mención especial en la categoría de conservación de los Premios Europa Nostra, como reconocimiento a la recuperación del patrimonio histórico y artístico del edificio.
La Veracruz en la actualidad
Hoy la ermita de la Veracruz sigue siendo uno de los lugares más significativos de la Semana Santa de Navalcarnero. En ella se conserva y venera el histórico Cristo Yacente, mientras que el antiguo retablo de la Soledad permanece como testimonio de la profunda devoción que durante siglos unió este lugar al Santo Entierro y a Nuestra Señora de la Soledad.
La ermita mantiene así una doble condición: es un monumento fundamental del patrimonio histórico y artístico de Navalcarnero y, al mismo tiempo, un lugar de memoria y de devoción cristiana.
Su historia está inseparablemente unida a la de las antiguas cofradías penitenciales de la villa. Desde la Cofradía de la Vera Cruz de finales del siglo XVI, pasando por la Santa Vera Cruz y Entierro de Cristo del siglo XVII y la posterior Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, este pequeño templo ha sido durante siglos uno de los principales escenarios de la fe y de la piedad popular de Navalcarnero.
Aunque las cofradías actuales son distintas de aquellas antiguas corporaciones, la tradición permanece viva. La Cofradía del Santo Entierro y Nuestra Señora de la Soledad conserva hoy la devoción a sus dos titulares, mientras que la Cofradía del Cristo Crucificado participa también en la procesión del Viernes Santo. Las dos corporaciones son independientes, pero el cortejo que recorre las calles de Navalcarnero mantiene viva aquella antigua tradición de contemplar conjuntamente la Pasión, la muerte y el silencio de Cristo en el sepulcro.
La ermita de la Veracruz sigue siendo, por ello, mucho más que un edificio histórico: es uno de los lugares donde la memoria cristiana de Navalcarnero se encuentra con su presente, y donde varias generaciones de vecinos han contemplado el misterio de la Pasión de Cristo.
