
SAN ROQUE
La ermita de San Roque es uno de los templos más antiguos de Navalcarnero y una de las cuatro ermitas que, desde los primeros tiempos de la villa, señalaban los límites del núcleo urbano. Situada en el antiguo extremo sur de la población, junto a uno de los caminos de entrada a Navalcarnero, ha acompañado durante más de cuatro siglos la vida religiosa del barrio que lleva su nombre.

Una ermita del siglo XVI
La ermita fue fundada a finales del siglo XVI por el caballero de la Orden de Santiago don Francisco de Lara. Una antigua lápida que coronaba su portada situaba su origen en 1599, fecha que coincide con la cronología municipal de las cuatro ermitas que rodeaban el antiguo núcleo de Navalcarnero.
La elección de San Roque como titular probablemente estuvo relacionada con las epidemias que asolaron Castilla durante el siglo XVI. San Roque era venerado tradicionalmente como protector frente a la peste y otras enfermedades contagiosas, por lo que su presencia en las inmediaciones de la población tenía un significado especialmente importante para una comunidad que vivía periódicamente bajo la amenaza de las epidemias.
La ermita formaba parte de aquel cinturón de pequeños templos que rodeaban Navalcarnero. Junto a San Juan Bautista, San Sebastián y San Cosme y San Damián, marcaba los límites de la villa y ofrecía a los vecinos un lugar de oración. Durante las épocas de trabajo agrícola, estas ermitas permitían además a los campesinos participar en los oficios religiosos sin tener que regresar hasta el centro de la población.
La familia Ribera y la ermita
Uno de los capítulos más singulares de la historia de San Roque comenzó a mediados del siglo XIX, cuando la ermita pasó a estar vinculada al pintor Juan Antonio de Ribera Fernández de Velasco, pintor de cámara de Carlos IV y Fernando VII.
Ribera, que mantuvo una estrecha relación con Navalcarnero durante sus últimos años, adquirió la propiedad de la pequeña ermita y se preocupó personalmente por su conservación. La reparó y la enriqueció con obras pictóricas realizadas por él mismo y por su hijo, Carlos Luis de Ribera, también destacado pintor.
La relación del pintor con la ermita llegó a ser especialmente estrecha. En 1856 obtuvo autorización de la autoridad eclesiástica para que pudiera reservarse el Santísimo Sacramento en el templo. Según la documentación municipal, la ermita se encontraba entonces en un estado excelente de conservación, decoro y dignidad. Una pequeña vivienda adosada al edificio estaba ocupada por la persona encargada de enseñar a los visitantes las pinturas que decoraban el templo.
Tras la muerte de Juan Antonio de Ribera, la ermita pasó a su hijo Carlos Luis y posteriormente a sus herederos. Finalmente, en 1900, la familia Ribera cedió gratuitamente el templo al Ayuntamiento de Navalcarnero, que desde entonces asumió su conservación.
Esta etapa constituye una particularidad de San Roque: durante varias décadas, una antigua ermita popular de Navalcarnero estuvo vinculada a una importante familia de artistas de la corte y se convirtió incluso en un pequeño espacio de exhibición de pintura.
El barrio de San Roque
La ermita dio nombre al barrio que se fue desarrollando a su alrededor y continúa siendo uno de sus elementos característicos.
Su emplazamiento, en una de las principales entradas de Navalcarnero, hace que el templo haya estado durante siglos unido a la vida cotidiana de los vecinos. En torno a la ermita se encuentran actualmente la plazuela de la Fuente de San Roque, un mural del pintor Alberto Pirrongelli y el monumento dedicado al Mesonero Mayor de Navalcarnero, don Vicente Ruiz Medrano.
La pequeña ermita conserva así una característica propia de estos templos históricos: no es solamente un edificio religioso aislado, sino un lugar que ha terminado dando identidad y nombre a todo un barrio.
Restauración y recuperación
El paso del tiempo hizo necesaria una nueva intervención en el edificio. La última gran reconstrucción se llevó a cabo entre 1998 y 2000, realizada por la Escuela-Taller del Ayuntamiento de Navalcarnero. Con ella se recuperó el templo y se garantizó su conservación para las generaciones actuales.
La intervención permitió que la ermita continuara cumpliendo su función religiosa y recuperara plenamente su presencia dentro del patrimonio histórico y artístico de Navalcarnero.
La fiesta de San Roque
La ermita mantiene especialmente viva la devoción a su titular cada 16 de agosto, fiesta de San Roque.
Ese día los vecinos del barrio y numerosos fieles se reúnen en torno a la imagen del santo para celebrar la Eucaristía en su honor. La celebración constituye una de las manifestaciones más arraigadas de la religiosidad popular de este barrio navalcarnerense. El Ayuntamiento mantiene entre las fiestas tradicionales de la localidad los actos religiosos del 16 de agosto en la ermita de San Roque.
En los últimos años esta celebración ha adquirido además una especial dimensión comunitaria. La misa reúne no solamente a los vecinos del barrio, sino también a otros fieles de la parroquia y a personas mayores de la cercana residencia, convirtiendo la ermita en un lugar de encuentro entre generaciones.
La celebración tiene un carácter especialmente hermoso cuando la Eucaristía se celebra al final de la tarde, con la luz del día desapareciendo sobre Navalcarnero. La antigua ermita, que nació hace más de cuatro siglos en un contexto marcado por las epidemias, continúa reuniendo hoy a los vecinos alrededor de la fe y de la protección de su santo titular.
San Roque, protector y compañero
La figura de San Roque explica buena parte de la historia de este pequeño templo. El santo, tradicionalmente invocado como protector frente a las epidemias, fue durante siglos una figura especialmente cercana a las comunidades que vivían bajo la amenaza de la enfermedad.
Hoy esa devoción se expresa de una manera diferente. La ermita ya no se encuentra en las afueras de un pequeño pueblo agrícola, sino integrada en una población mucho mayor; pero San Roque continúa siendo para los vecinos un santo cercano, vinculado a la historia de su barrio y a la memoria de generaciones de navalcarnerenses.
La celebración anual del 16 de agosto mantiene viva esa relación. La Eucaristía, la oración y el encuentro de los vecinos permiten que una tradición nacida hace más de cuatro siglos continúe formando parte de la vida de la parroquia.
Una pequeña ermita con una gran historia
La ermita de San Roque resume en sus reducidas dimensiones buena parte de la historia de Navalcarnero: nació a finales del siglo XVI junto a uno de los caminos de acceso a la villa; fue lugar de oración para los agricultores; estuvo vinculada durante el siglo XIX a una importante familia de pintores; pasó posteriormente al patrimonio municipal; fue restaurada a finales del siglo XX y continúa hoy abierta al culto.
La Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción mantiene actualmente allí la celebración de la Eucaristía dominical a las 13:00, salvo durante el periodo estival en que se suprime esta celebración entre julio y el 15 de septiembre.
Así, más de cuatrocientos años después de su fundación, San Roque sigue siendo una ermita viva: un pequeño templo que conserva la memoria de la antigua villa y que continúa siendo para los vecinos del barrio un lugar de oración, celebración y encuentro.
Y quizá ese sea el mejor modo de entenderla: una ermita nacida en las afueras del Navalcarnero del siglo XVI que, cuatro siglos después, sigue en el corazón de su barrio.
