
SANTA AGUEDA
La ermita de Santa Águeda es uno de los templos más singulares de Navalcarnero. Situada en la calle Mariano González, muy cerca de la Puerta del Sol, es una construcción contemporánea que une de una manera excepcional devoción, arte y catequesis.

Su principal característica es el extraordinario conjunto de pinturas murales realizado por el artista Alberto Pirrongelli, que convierte el pequeño templo en un auténtico recorrido por la vida de Santa Águeda y por los grandes misterios de la fe cristiana.
Pero la ermita tiene un significado que va más allá de su fecha de construcción. La devoción a Santa Águeda se inserta en una tradición religiosa profundamente arraigada en Castilla, y adquiere en Navalcarnero un significado especial por la propia historia de la villa.
Santa Águeda, una mártir de los primeros siglos
Santa Águeda nació en Catania, Sicilia, y murió mártir durante las persecuciones contra los cristianos en el siglo III. La tradición cristiana la presenta como una joven que prefirió permanecer fiel a Cristo antes que renunciar a su fe. Su martirio convirtió a Santa Águeda en una de las santas más veneradas de la Antigüedad cristiana. Su fiesta se celebra el 5 de febrero y su devoción se extendió especialmente por Italia, España y buena parte de Europa. La iconografía tradicional la representa con la palma del martirio y con los atributos que recuerdan los tormentos que sufrió. En la tradición popular española, además, Santa Águeda quedó particularmente vinculada a las mujeres y adquirió una especial presencia en numerosas localidades castellanas.
Santa Águeda y la tradición castellana
Esta dimensión castellana resulta especialmente significativa en Navalcarnero. La villa fue fundada por Segovia en 1499 y perteneció durante sus primeros siglos a la Ciudad y Tierra de Segovia, formando parte de la realidad política, social, económica y religiosa del mundo castellano. En 1627, Felipe IV adquirió la jurisdicción de Navalcarnero y la convirtió en villa de realengo, poniendo fin a su dependencia jurisdiccional de Segovia; pero la vinculación histórica de Navalcarnero con Segovia y con Castilla forma parte inseparable de sus orígenes.
Por eso, la presencia de Santa Águeda en Navalcarnero puede contemplarse también dentro de esa tradición religiosa castellana de la que la villa forma parte desde su fundación.
La propia decoración de la ermita hace explícita esta relación. Entre los personajes representados por Pirrongelli aparece una mujer que sostiene la bandera de Castilla, aludiendo a la especial devoción a Santa Águeda entre las mujeres castellanas. No se trata, por tanto, de un detalle anecdótico. La pintura relaciona la figura de la santa con una tradición religiosa concreta y, al mismo tiempo, sitúa a Navalcarnero dentro de su propia historia.
La mujer y la fe
La especial vinculación de Santa Águeda con las mujeres ocupa también un lugar destacado en el programa iconográfico. En la representación de la Coronación de la Virgen aparecen personajes pertenecientes a diferentes estados y condiciones de vida: santos, clérigos, campesinos, guerreros, mendigos, enfermeras y mujeres. Entre ellos se encuentra la figura femenina que porta la bandera de Castilla, una referencia particularmente significativa para Navalcarnero.
La pintura permite así establecer un diálogo entre tres realidades: la Virgen María, modelo de fe; Santa Águeda, mujer y mártir; y las mujeres castellanas que durante generaciones han mantenido su devoción a la santa.
Navalcarnero, Segovia y Castilla
Aunque Navalcarnero con el tiempo quedó integrada en las sucesivas divisiones administrativas que desembocaron en la actual Comunidad de Madrid, su origen histórico sigue siendo inseparable de Segovia y de Castilla. La referencia a Castilla que aparece en las pinturas de Santa Águeda permite recordar precisamente esa dimensión de la historia local. La ermita actual, por tanto, aunque sea un edificio del siglo XXI, conecta con una tradición mucho más antigua: la tradición cristiana de Castilla en la que Navalcarnero nació y se desarrolló.
Santa Águeda une así en Navalcarnero una tradición universal —la de una mártir de los primeros siglos de la Iglesia— con una tradición local y castellana: la de una villa nacida de Segovia que durante siglos vivió dentro de la historia de Castilla y que hoy conserva, también en sus templos, la memoria de sus raíces.
